El app que funciona como un audífono en tu móvil

Ahora tienes una herramienta más cerca de ti, de hecho, a un clic de distancia. Se trata de Audismart y será un app que pretende servir como un audífono básico a personas con pérdida auditiva. Esta aplicación, propuesta por SoftLab, de la Universidad Carlos III de Madrid, permitirá una configuración personalizada para que cada usuario pueda regular las distintas frecuencias acústicas. El objetivo es que de esta forma cada particular ajuste el sonido sus necesidades, ya que, generalmente, la pérdida de audición se asocia a la pérdida de sensibilidad en algunas, pero no en todas las frecuencias.

Tras personalizar la app, la persona con baja audición podrá ponerse los auriculares, incluso inalámbricos, y Audismart modificará las distintas frecuencias, amplificando unas y reduciendo otras, para conseguir el sonido óptimo. El objetivo final es, por ejemplo, hacer el entorno laboral más incluyente, especialmente en una sala de trabajo común, donde hay más ruido de fondo, o en una sala de reuniones, donde en algún momento pueden hablar simultáneamente varias personas.

La principal innovación de Audisimart es poner a disposición de las personas con discapacidad auditiva un audífono gratuito en su propio smartphone, no limitándose a amplificar el sonido de forma general, como hacen otras Apps, sino ajustando de forma efectiva y personalizada la señal de audio, mediante algoritmos especialmente diseñados, para adaptarla a las necesidades particulares de cada persona.

¿En qué consiste el sonido digital?

Lo de hoy en día es lo digital y es lo que muchas personas prefieren. En el ámbito del sonido, el digital se mide por la frecuencia de muestreo, esto es, hay que medir cuántas veces es digitalizado el sonido durante un determinado período de tiempo. Las frecuencias de muestreo se indican en kilohercios (kHz), que indican el número de veces que se muestrea el sonido por segundo. Por ejemplo, la calidad de sonido CD se obtiene con 44,1 kHz, ó 44.100 muestras por segundo. En el caso de sonido estéreo, se necesitan dos canales de 8 bits cada uno; a 16 bits por muestra, esto da lugar a 705.600 bits de datos de un CD, produciendo un sonido de alta calidad. Si transmitiéramos de esta forma el sonido a través de la red, la transmisión de esta enorme cantidad de datos ocuparía casi la mitad del ancho de banda de la red.

Como los usuarios medios de la Web no disponen de tamaño ancho de banda, se precisa disminuir la frecuencia de muestreo para crear sonido digital que pueda ser enviado a través de la Web. Una frecuencia de muestreo de 8 kHz en mono, produciría unos buenos resultados para aplicaciones sencillas como lenguaje hablado. Hay que tener en cuenta que el hardware de reproducción consiste, por lo general, en la utilización de una simple tarjeta de sonido y un pequeño altavoz. Un audio de baja calidad no precisa de más de 64.000 bits de datos por segundo, pero el usuario debe esperar a que se descargue el sonido y es casi imposible el sonido continuo.

Los CDs de audio, al igual que los sistema DAT (de datos), utilizan la digitalización de la señal mediante PCM (Pulse Code Modulation) o modulación por impulsos iconos audiocodificados, que es una de las formas más simples de codificar y que se se ha utilizado y se utiliza comúnmente en telefonía. Sin embargo, gran parte de la información de audio que almacenan estos sistemas de codificación puede desecharse, puesto que el oído humano no es capaz de percibir ciertas frecuencias dentro de lo que se denomina una determinada banda crítica. La digitalización añade ruido a la señal y para evitar esto, es preciso utilizar un mayor número de bits en el muestreo y la cuantificación que son las 2 fases de las que se compone un proceso de digitalización.  Para obtener sonido de alta calidad se utilizan frecuencias de 44,1 kHz en el caso del CD, y hasta 48 kHz en el caso de DAT. En lo relativo a la cuantificación, cuantos más bits se utilicen más fina será la resolución.

A 44,1 kHz y utilizando 16 bits para cuantificar la señal (sonido de alta fidelidad), uno de los dos canales de un CD produce más de 700 kbits/s. Gran parte de esa información es innecesaria y ocupa un ancho de banda que puede liberarse a costa de aumentar el sistema decodificador y perder algo de calidad. Esto es lo que hacen los diferentes estándares existentes de audio, combinando en dosis diferentes el ancho de banda, el grado de complejidad del sistema decodificador y la pérdida de calidad.

¡Qué el sonido sea el mejor!

El momento de grabar ese audio que tanto has esperado ha llegado y lo que quieres es que cada una de las frases suene mejor que nunca, para eso, existe el proceso de ecualización, la cual es fundamental y necesario conocer y dominar para obtener los resultados requeridos. Existen diversas acciones que puedes aplicar dentro de este proceso creativo.

El ecualizador en la grabación: En esta etapa debería ser utilizado con un sentido estrictamente estético y con muchísimo cuidado, tratando de no atenuar o incrementar más de dos o tres dbs. El error más común es, por ejemplo, un sonido de bombo acústico: el ingeniero pone su micrófono favorito en la misma posición que siempre usa y se sienta con el baterista a escuchar; éste le dice que quiere un poco más de cuerpo y entonces el ingeniero enseguida conecta un ecualizador de tubos, selecciona 50 o 40 Hz y problema resuelto.

La realidad de esta técnica es que el problema no se solucionó, sino que sólo se enmascaró y se alteró la fase del sonido del bombo; durante la mezcla, el ingeniero de mezcla debe quitar el excedente de graves y ahí está otra vez: el sonido de bombo original que a nadie le gustaba.

Por una razón u otra en el tracking esto es una constante. Ecualizar un bombo en grabación es algo arriesgado (salvo que esté el productor presente y él nos diga con exactitud y seguridad que ese es el sonido que quiere); lo mejor sería realizar un buena captura y dejar para la siguiente etapa (la mezcla) la obtención del sonido deseado.

Lleva algunas experiencias comprender que si un sonido no nos gusta al momento de grabar, es mejor cambiar el micrófono o la posición del mismo y no ecualizar.